
Dormir para olvidarse del día, las desdichas de un desalmado, en fugaces luces la brillantez de una mente que cuestiona y recrea vidas. Los éxtasis que aceleran y el dormir levita en sueños sin melancolías, las fracturas pasan a un segundo plano y la vida sin aliento suspira en un punto de partida como en el imaginativo y real trópico de capricornio.
La rareza en acuarelas y en legos infinidad de pantones, los ciclos color turquesa detrás de una persiana, trazos cortos y el desliz de lápices que contemplan obras inéditas.
Los cultos detrás de un contrabajo las bandas sonoras y el jazz del alma que no para y no espera, lo mágico, atípico y fugaz de un par de canciones que en reversas del segundero exhalan míticos y reales versos de un pasajero.
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